Hoy, después de un desafortunado desliz con el destino, (un hielo en la cabeza) nada más y nada menos, me he podido dar cuenta de la mala idea que puede tener una persona en sí y en sus actos.
Andando por la calle encontróme con un homeless y sintióme muy mal por él, no pude más que volver por donde había venido y comprarle un trozo de pizza caliente.
Sintióme el hombre más feliz cuando lo tomó con sus oscuras manos, manchadas por la suciedad de la calle, donde el sitio olía a cerrado y oscuro aun cuando estaba a la luz.
Despertóse y alegróme por su despertar, ya que significaba que tan sólo estaba a un paso de aceptar mi presente.
Dióle la mano y preguntóle como se llamaba, díjome que Jose y yo Sergio, sintióme el hombre más feliz del planeta tierra por sólo un momento viéndolo comer y volví a mi pequeña e insignificante vida.
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